El campo no es una sola cosa. Es animal, es trabajo y es tiempo compartido.
Estas fotografías nacen ahí, entre las vacas, la gente que las trabaja y sus montados. No se arman: suceden. Mientras el trabajo avanza y los animales se mueven, el tiempo marca su propio ritmo. Hay espera y hay precisión: un animal bien parado, una tropa en marcha, un caballo suelto, una mirada que dura lo justo.
Fotografiar en el campo es entender ese ritmo. Saber cuándo acercarse y cuándo correrse, estar sin interrumpir más de lo necesario. Cada imagen es el resultado de estar ahí, de mirar sin apuro, de conocer el lugar, la gente y los animales.
No es una colección de fotos: es una forma de trabajar y de estar en el campo.